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Aquí
unas poesías, un adelanto de este nuevo libro,
su nuevo hijo: Sutil...
Las
poesías expuestas son una selección arbitraria,
sin más ni menos, con gusto de presentar y
ansias de escribir.
Para
ver más, espiar este libro nunca apócrifo,
pueden bajárselo desde este medio en su
edición digital.
Ahora
escribo
Miles de fragancias
Y son perfumes mis poemas...

Se
caen danzando
Y se elevan
En el
descanso
Agonizan furtivamente
Entrelazados,
Remontando su seno
A la atmósfera interna de mis ojos.
Son caricias que llegan
A pesar del abismo
Esbeltas figuras
Que plasman inmortalidad
En mi retina
Duendes desnudos
Surcan la audacia
De tanta plenitud.

Feliz
por volar,
Y por dejarme caer sin temor,
Luchando vivo
Y hay triunfos gloriosos
Y derrotas inmemorables
Que dejan en mí la experiencia de estar...
Planto semillas ínfimas
Cosechando gigantes arboledas,
Me dejo llevar,
A ningún lado
Y aparezco siempre en todos los sitios,
Me sumerjo en aguas turbulentas
Y reposan en mi piel mares calmos.
Y gotea mi pupila toda
O se desparraman mis dientes en una sonrisa,
Caminé montañas difíciles
Pero transité llanuras desapercibidas
Y con cada paso crecí
Como pude
Como quise y no...

Mi
nostalgia
Mi sombra se arrastra
Se convierte en aquel viejo tango
Atraviesa los espejos
Los destruye.
Agoniza mi imagen
Cual fantasma somnoliento
Y tras el oscuro resplandor
Oscila cándida y rebelde
Mi nostalgia.

Te
dejo hoy entre tus manos
Mis manos cansadas,
Mis ojos descreídos y mi pecho agotado...
Te doy mis risas y mis recuerdos
Mi melancolía tan presente
Y la osadía que querer creer,
Te dejo entre tus labios
Mis besos triviales,
Mis palabras
un poco de mis sueños, y mucho de mis miedos.
Te doy mi cuerpo desnudo,
Mi atmósfera cautelosa y mis metáforas.
Te regalo un poco de lo que fui,
Y entrego todo lo que soy
Te doy mis desvelos, mis fantasmas
Los trenes que partieron
Y mi pueblo, y mi gente.
Te pido que me dejes tus verdades,
Tus caricias y los duendes que encierras en los
ojos
angustiados,
Que medes un poco de tu llanto,
Y el vértigo de tus metas,
Te pido lo que puedas sin preámbulos, sin
mentiras
Y marcar así, juntos, nuestras huellas
En el amplio arenal del destino.

Camino
por esferas circulares,
Agotándome
Me esfuerzo y descubro las palabras
Y hablo con ellas,
Me deprimo, me lastimo
Y resurjo...
Vuelo espacios platónicos,
Me convierte en lo que seré,
Y en lo que nunca fui
Para volver a ser...
Pera está la fuente eterna de la melancolía
Y están las rayas fulgurantes
Del despertar,
Y están mis ojos, y deseos inconclusos
Resurgiendo apenas
gritando...

Maternidad
Ni cabellos negros,
Ni rubios asoleados
o rojos rutilantes.
No habrá canciones de cuna
Ni un hada madrina en el viejo cuento
nunca promesas de navidad.
No habrá primera palabra,
Ni primeros pasos, ni despertares nocturnos.
Y hay en mí
Úteros vacíos,
Espermas nostálgicos
Y alumbramientos abismales...

Hay
una especie de nostalgia en el aire, y flota...
Desgarra los sonidos,
Resquebraja los recuerdos
Es una serpiente que se enrosca en mi vientre
Y trepa ahogando mi voz.
Es como una pena, pero olvidada
Que resurge como brasa encendida
Y es escarcha.
Allí está... me espera,
Es una marca hecha fuego en mis dedos
Acechando con dolor,
Pero estoy perdido,
Pues la bruma que hasta ayer me rodeaba
Que estaba fuera
Era niebla, penumbra
Hoy penetró y cubrió mi corazón.

Dos
mujeres conversan
Bajo lo inmenso de la desdicha,
Dos mujeres
Bajo el canto alegre de la gloria
Conversan.
Nada habrá tan parecido a esta humanidad
Que las dos mujeres gloriosas y
las dos mujeres que conversan tristes.
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